A modo de presentación

Está bien, cuéntemelo todo.

Está bien, cuéntemelo todo.

¡Hola! Mi nombre es Joachim y en este momento tengo 36 años. Nací en Almería pero mayormente he vivido en Euskadi y, sobre todo, Madrid, aunque en la actualidad resido en Seattle (Washington, Estados Unidos) donde trabajo de taxonomista (que no taxidermista). Por deformación profesional me chiflan las etiquetas, así que aquí van unas cuantas para mí mismo: soy vegetariano en perpetuo tránsito al veganismo, mi ideología tiende hacia el marxismo (intentando evitar el dogmatismo pelma), fui gótico y jefe de góticos (una larga historia), bajista post-punk en bandas bastante cool y todo el mundo conoce mi debilidad por ratas y roedores. Desde el pasado sábado estoy casado con una adorable cubana de nombre S.

Me chiflan el cine y las novelas de misterio, terror y algunas otras vertientes con la dosis justa de fantasía, pero también las vanguardias experimentales y las buenas narraciones realistas de corte social. En cualquier caso, tiendo a favorecer cualquier muestra cultural que tenga como objetivo la transformación o el cuestionamiento de la realidad. Exacto, últimamente también leo mucha filosofía

Y aquí estoy, inaugurando mi enésima identidad y repositorio de ideas virtuales. Los que me conozcan y se acuerden de mí o me sigan leyendo (muy pocos) saben que la constancia en este sentido no ha sido mi fuerte, pero lo cierto es que en mi existencia he tenido múltiples cambios de ánimo y de perspectiva de las cosas, y es que mucho de lo que me apasionaba a los 20 dejó de ser importante o ahora directamente me sonroja. Pero eh, la edad va despojando a uno de vergüenza y no descarto ir subiendo ciertos materiales de ultratumba, nunca mejor dicho. En fin, como dirían los ‘patafísicos: EADEM MUTATA RESURGO.

¿Cuánto tiempo pasará hasta la próxima entrada? No tengo la menor idea, y tampoco quiero sentir la “presión del blog” que ha conseguido que más de un conocido claudique al sentirse indigno de su obligación semanal para con su diario, pero sí creo haber alcanzado ese equilibrio vital necesario para que la constancia y el hábito se instalen como algo deseado y no como un mandato incómodo.

Se despide su camarada,
Joachim Ratoff