“Casting the Runes” es un célebre cuento gótico de M. R. James, publicado en 1911. Narra la historia del erudito Edward Dunning, quien en la academia rechaza un manuscrito esotérico y, por ello, se convierte en blanco de la venganza de su siniestro autor, Mr. Karswell, capaz de transmitirle el temido “maleficio de las runas”. El relato es calificado como una pequeña obra maestra del «antiquarian ghost story», destacando por su terror sutil y cotidiano, además de una brillante mecánica narrativa de suspense sobrenatural.
La noche del demonio (Night of the Demon, 1957) es una adaptación cinematográfica bastante libre del relato de James, aunque conserva fielmente el motivo de la maldición rúnica que debe transferirse de manera sigilosa y el ataque fatal de un espeluznante demonio. La película añade, además, que Julian Karswell es el líder de una secta satánica que está siendo investigada tras varias muertes ocurridas en circunstancias misteriosas.
El responsable de esta producción, Jacques Tourneur, no tuvo un papel político destacado en el sentido más estricto (militancia, portavocía, etc.), pero ya había dirigido notables películas de terror fantástico en las que pueden percibirse elementos marcadamente progresistas. Dos ejemplos sobresalientes son I Walked with a Zombie (Yo anduve con un zombi, 1943), con su representación de la explotación colonial, y Cat People (La mujer pantera, 1942), una revisión del papel de la mujer, la sexualidad y la figura del “otro” en la sociedad estadounidense de los años cuarenta. Ambas cintas fueron realizadas en colaboración con Val Lewton, un productor de tendencias progresistas que sí fue fulminado por negarse a delatar o desacreditar a compañeros acusados de comunismo. La noche del demonio tuvo que rodarse en Inglaterra, debido al aún asfixiante clima en Hollywood.
El film, si bien muy obsoleto en lo tocante a su óptica masculina y también algo criticado debido a su ‘deficiente’ demonio (que quizá no debiera ni haber aparecido físicamente, de acuerdo con testimonios del propio Torneur), sí contiene los suficiente elementos para convertirlo en una pieza referencial y muy degustable por los habituales del género: algo de noir, hipnosis, espiritismo, demonología con regusto académico… Pero aquí, en nuestra habitual adscripción al marxismo gótico, nos interesamos por dos remarcables aspectos políticos:
El demonio macartista
Recordemos que el funesto proceso anticomunista conocido como macartismo tuvo su fin en 1956, un año antes del estreno de esta película, y no es difícil trazar paralelismos con aquel tremendo shock social-cultural. En efecto, el Comité de Actividades Antiamericanas actuaba de manera muy similar a Karswell: no necesitaba pruebas físicas para arruinar vidas, y le bastaba una acusación escrita (la ‘lista negra’, o el pergamino con las runas) para condenar a alguien social y profesionalmente. De esta forma, la «brujería» de Karswell es una metáfora clara de la acusación infundada y el poder del dogmatismo instrumentalizado contra los intereses de su promotor ideológico. Aún más, la única forma de salvar el pellejo es pasando la lista a otra persona, lo que también recuerda vivamente a la delación, a la que en su momento recurrieron personajes como Frank Sinatra.
La lógica (marxista) del mal
En el film, Karswell sigue siendo el claro antagonista, caracterizado esta vez como el líder de una secta ocultista de métodos muy efectivos y espeluznantes. Pero es mucho más que un simple villano: es la personificación de un poder sistémico que se alimenta del miedo y la sumisión, pero que también es vulnerable y no necesariamente disfruta de su posición, ni de las oscuras fuerzas que él mismo ha contribuido a desencadenar.
En este sentido, Karswell es un producto y un prisionero de su posición de clase. Su trágica comprensión de que está condenado a realizar una función que también le aterroriza y de la que no puede escapar, so pena de perderlo todo (su patrimonio, estatus, modo de vida…), lo convierte en una figura casi shakespeariana, y en un poderoso símbolo del burgués que, aun comprendiendo la abominación de su sistema, se ve forzado a perpetuarlo.
En esta selección de escenas se entiende la paradoja de Karswell y el modo en que opera. Es particularmente conmovedor que el villano le explique a su propia madre la situación económica-social de ambos:
