Evgeny Morozov (autor de The Net Delussion) explica que un descubrimiento fascinante de los dirigentes de la antigua RDA fue que aquellas ciudades que tenían acceso a la televisión occidental estaban más satisfechas con el sistema comunista que aquellas a las que no llegaba la señal televisiva de la RFA (Alemania Occidental). Dallas no contribuía a socavar el socialismo, sino que lo apuntalaba.
‘Sociofobia’, César Rendueles
Concretamente, Morozov escribió:
En 1973, el líder de la RDA, Erich Honecker, reconoció la amplia popularidad de la televisión de la Alemania del Oeste, cedió y permitió que todos los ciudadanos de la RDA (salvo soldados, policías y maestros) vieran lo que les diera la gana. Al mismo tiempo, Honecker animó a la televisión estatal a «superar cierto tipo de tedio» y a «tener en cuenta el deseo de entretenimiento de calidad». Por consiguiente, durante casi tres décadas, casi todos los ciudadanos de la RDA vivieron en una situación bastante peculiar: en teoría, podían comparar cómo las dos regiones alemanas elegían plasmar los mismos acontecimientos. Si las conclusiones de los estudios que analizaban las cartas enviadas a Radio Europa Libre eran correctas, cabía esperar que los alemanes del Este vivirían pegados a los programas de noticias del Occidente democrático, se enterarían de los abusos de su régimen y tratarían de unirse a células secretas antigubernamentales.
No podemos saber si los alemanes del Este practicaban la crítica a los medios tanto como les hubiera gustado a los estudiosos occidentales, pero parece que la televisión occidental sólo consiguió que fueran más complacientes, un hecho que al final reconocieron las élites dirigentes de la RDA. Cuando insistieron en desmontar una antena vía satélite ilegalmente instalada por los habitantes de la pequeña ciudad de Weissenherg, las autoridades comunistas locales y el alcalde se apresuraron a señalar que los miembros de su comunidad estaban «»mucho más satisfechos» desde la llegada de la televisión de Alemania Occidental», que su actitud hacia el régimen de la Alemania Oriental era ahora «más positiva» y que las solicitudes de visados de salida (o sea, de emigrar a Occidente) habían sido retiradas. A partir de principios de la década de los ochenta, las autoridades toleraban los satélites sin el menor problema.

Se trata de un texto necesario y enriquecedor a un nivel difícilmente imaginable. En efecto, esto es un comentario de prueba.