A pesar de su mensaje reaccionario, ‘Las aventuras del estudiante alemán’ (1824) es una deliciosa incursión del horror gótico en lo álgido del Terror de la Revolución Francesa. En efecto, para Washington Irving el París revolucionario era un lugar de «delirio popular», y la guillotina la manifestación de una «imaginación enferma». Es decir, un gran escenario para un alegórico cuento de fantasmas.
El autor de la archiconocida ‘Sleepy Hollow’ (la leyenda del jinete sin cabeza) era de natural conservador, aunque con matices. Si bien por un lado plantó cara a la esclavitud y fue muy crítico con la opresión y desposesión de los nativos americanos, lo cierto es que no toleraba los extremismos ni los eventos que alterasen el orden ‘racional’. Con esa inclinación romántica por el pasado y las tradiciones como bandera, escribe este relato cargado de simbología, que nos interesa como catalizador de determinadas posturas históricas del estrato acomodado.
Así como la guillotina cercena físicamente la cabeza del cuerpo, el (criticado) intelectualismo radical del atolondrado estudiante Wolfgang ya ha separado su razón de los instintos y del sentido común. Como consecuencia, el muchacho queda prendado de un cadáver porque él mismo ya habita un mundo de lo que el autor considera ideas «muertas».

‘Las aventuras del estudiante alemán’ es además parte de la compilación de relatos de fantasmas del ilustrador británico Charles Keeping, publicada en 1986 y disponible aquí. Keeping describió su infancia como de «de clase trabajadora acomodada», fruto de las reformas socialdemócrata tras la II Guerra Mundial. De ahí que uno de sus intereses fuese el ofrecer arte a niños de toda clase sociales, sin recurrir a la infantilización ni a ocultar las penurias históricas.
A continuación reproducimos el relato al completo:
