Theodore Major (1908-1999) fue un pintor inglés natural de Wigan, en el deprimido norte industrial. La exposición directa a los desolados paisajes siderúrgicos, la explotación laboral y las consecuencias del reclutamiento de obreros durante las guerras mundiales, lo convirtieron en un testigo comprometido con su territorio y comunidad.

Major rechazó conscientemente el éxito londinense para crear desde y para su entorno. En efecto, era un «outsider» por decisión propia. Creía que el arte debía ser compartido con la comunidad, no vendido como mercancía. De hecho, mantuvo miles de sus pinturas en su propia casa, y sólo las vendía en una pequeña galería adyacente que él mismo gestionaba, llegando a rechazar ofertas de importantes coleccionistas.

Y es que su talento llegó a ser bien conocido. Fue descubierto por Mervyn Levy, también artista y crítico de arte, quien lo llegó a describir como un «visionario solitario» cuya obra podría emparentarse con Goya o Ensor.

Asimismo, el muy conocido crítico marxista y autor del imprescindible documental Ways of Seeing John Berger, aseguró que Major poseía una «integridad feroz», y también lo comparó con los grandes maestros europeos, afirmando que su obra tenía una profundidad espiritual y social que rara vez se encontraba en el arte contemporáneo de su época.

Los esqueletos

Esta es, sin duda, su serie más poderosa y distintiva. No estamos ante calaveras al estilo de las vanitas tradicionales, sino esqueletos completos, actuando como seres vivos en escenas cotidianas y extraordinarias. Es una metáfora visual directa y brutal.

Major pinta esqueletos en las minas, manipulando martillos neumáticos, cargando sacos… El trabajo industrial reduce al ser humano a una osamenta articulada, y hasta la herramienta misma se fusiona con los huesos.

El esqueleto no es, por tanto, un recordatorio de la muerte futura, sino de la muerte en vida que impone un sistema explotador.

También los sitúa en paisajes urbanos desolados, como espectros de una civilización que se autodestruye.

En definitiva, los esqueletos de Theodore Major no nos amenazan con un futuro memento mori; nos acusan de un presente memento vivere (recuerda que debes vivir) negado.